Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Fabiola Santiago

Para sanar la ‘nación rota’, como pide Biden, hay que recordar que somos inmigrantes | Opinión

La vicepresidenta electa Kamala Harris aplaude cuando el presidente electo Joe Biden llega a la 59a inauguración presidencial en el Capitolio de los Estados Unidos en Washington, el miércoles 20 de enero de 2021 .
La vicepresidenta electa Kamala Harris aplaude cuando el presidente electo Joe Biden llega a la 59a inauguración presidencial en el Capitolio de los Estados Unidos en Washington, el miércoles 20 de enero de 2021 . AP

Todos estamos marcados, moldeados por nuestros comienzos.

El mío, como estadounidense, comenzó con un “Vuelo de la Libertad” desde el aeropuerto de Varadero, Cuba, en 1969. Asiento junto a la ventana, mi padre, trajeado a mi lado, mi madre frente a nosotros tratando de mantener a mi retozón hermanito bajo control.

Con el corazón roto por dejar atrás a todos y todo lo que amábamos, alimenté en mi joven corazón la útil emoción de la esperanza en medio de la incertidumbre.

Tres meses antes, los estadounidenses habían caminado sobre la luna.

Un país que había logrado esta hazaña inimaginable, le dije a mi yo interno de 10 años, no podía ser tan malo como nos habían dicho en la escuela los maestros obligados a adoctrinar a los niños para que odiasen a “los yanquis”.

Los aplausos resonaron en la cabina cuando aterrizamos en Miami; brotaron lágrimas agridulces, y desde ese momento se selló mi entrada a Estados Unidos y mi alianza con este país.

Faro de la democracia

El recuerdo de este punto de partida y de llegada, de ruptura y reparación, me mantiene con los pies sobre la tierra en épocas difíciles. Me conecta no solo con lo que yo era, una chiquilla inmigrante, sino con lo que Estados Unidos era, y creo que sigue siendo, a pesar del discurso feo de tiempos recientes, una nación de inmigrantes.

En el cuartel donde fuimos procesados en el Aeropuerto Internacional de Miami, personas amables nos ofrecieron sándwiches de jamón y Coca-Cola. Una mujer mayor, voluntaria, se acercó a mí y me entregó un pequeño osito verde hecho a mano con tela.

Su gesto me conmovió tanto.

Me había visto obligada a dejarlo todo con excepción de una muñeca de mi hermosa colección, que ahora era propiedad del estado cubano.

El club al que pertenecía esta mujer había hecho ositos para los niños refugiados que llegaban en lo que se convirtió en un éxodo histórico que trajo a Estados Unidos a 265,000 cubanos exiliados entre 1965 y 1973.

Cincuenta y un años más tardes, con los tiempos sin precedentes en los que vivimos pesando en mi mente, mi corazón se hincha al recordar este EEUU acogedor, un faro de democracia para el mundo.

Fuerte y firme en tiempos de conflicto, tierra de refugio y oportunidad, esta es la América a la que me he aferrado durante los últimos cuatro años, cuando me sentí alienada y maltratada por la retórica política y las descorazonadoras divisiones entre nosotros que se profundizan cada vez más todos los días.

Fortaleza en la diversidad

Es difícil reconocer nuestra propia política en un espejo, pero es fácil juzgar, con o sin hechos, al otro.

No obstante, es la diversidad de experiencias y la riqueza de culturas lo que distingue a esta tierra de mar a mar. Todo lo que los inmigrantes han traído de otras partes del mundo durante generaciones es lo que nos hace más estadounidenses, únicos y excepcionales.

Pero hemos destrozado la alegría de nuestra propia casa.

La restauración requiere sanación.

La necesidad de sanación implica la existencia de pérdida.

En efecto, en nuestra discordia, hemos perdido algo precioso para nuestra identidad nacional. Nos hemos convertido en un “nosotros, el pueblo” fracturado. Esto nos ha dejado en un estado de angustia, de dolor, y de su hermano gemelo, de ira.

Nos ha amargado.

En una asignación equivocada de culpa por nuestros problemas, hemos perdido la inocencia con la que Estados Unidos acogió y dio la bienvenida al Otro —y nos ha dejado una herida profunda.

El clamor del presidente Biden a sanar

Tras una elección y un traspaso de poder peligrosamente turbulento, pero en última instancia, pacífico, ¿cómo podemos sanar nuestras almas nacionales, individuales y colectivas?

Nos sanamos compartiendo nuestras verdades.

Nos sanamos profundizando en nuestra capacidad de empatía y bondad.

Debemos, al menos, intentar tender la mano, no como partidistas, sino como participantes de la democracia.

Somos una nación adolorida, destrozada por una división política ahora profundamente arraigada. Pero es posible buscar un terreno común, encontrar la redención y la reconciliación en nuestro camino de regreso, si no hacia nosotros mismos, al menos a la civilidad y a la convivencia en nuestras comunidades.

“La historia estadounidense”, dijo el presidente Joseph R. Biden Jr., en su discurso inaugural, “no depende de ninguno de nosotros, ni de algunos de nosotros, sino de todos nosotros”.

Ayudemos a sanar “la nación rota”, pidió Biden, quien en su primer día presentó un plan migratorio que podría darle aseso a la ciudadanía a millones de inmigrantes y sanar heridas de las minorías en tiempos pos Trump.

Hay tanto en nuestros destinos que resolver.

Podemos sanarnos si nos atrevemos a escuchar e interactuar con aquellos con quienes no estamos de acuerdo sin lanzar insultos.

Podemos sanar si salimos de los rincones rojos y azules, si reconocemos que la experiencia personal juega un papel importante en la configuración de nuestras opiniones políticas y si creamos espacios donde podemos compartir nuestras historias, nuestra humanidad.

Debemos abrir campo para personas como yo, siempre conmovidas por la bondad de un extraño y que ahora hacemos parte del tapiz que somos, los Estados Unidos de América.

Y nunca, nunca subestimemos el poder sanador de un osito desaliñado, puesto en manos de una niña.

Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA