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Fabiola Santiago

Congresistas cubanos desperdician oportunidad de ayudar a oprimidos en Cuba | Opinión

El espectáculo circense republicano en el Capitolio para conmemorar el Día de la Independencia de Cuba, protagonizado por un grupo de cubanoamericanos en el Congreso, tuvo sus momentos.

En su mayoría fueron momentos trillados y torpes, como cuando la representante y experiodista María Elvira Salazar de Miami trató de indicarle a los medios de Washington cómo armar fragmentos de declaraciones. O cuando el enrollado representante Carlos Giménez, también de Miami, habló en su irritante español.

Qué oportunidad tan perdida.

La conferencia de prensa semanal organizada por el líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, era una oportunidad dorada para llamar la atención sobre lo que realmente les está sucediendo a los heroicos disidentes en Cuba, a quienes el gobierno acosa, detienen y encarcelan solamente por el crimen de existir.

Este no es el momento para hablar de lo que sucedió en Bahía de Cochinos en 1961, o de la huida de sus padres en la década de 1960 con $10 en el bolsillo, sino del aquí y del ahora; de las víctimas de hoy.

Pero el autoengrandecimiento —y complacer al líder del partido, a quien Salazar y Giménez se opusieron cuando, por una vez hicieron lo correcto y votaron a favor de la creación de la comisión del 6 de enero para investigar el ataque al Capitolio— se interpusieron.

PROPAGANDA REPUBLICANA

¿Por qué otra razón los poderosos desperdiciarían un foro de gran audiencia sobre Cuba ofreciendo una retórica electoral desgastada y desacreditada que vincula a los demócratas con el socialismo de estilo latinoamericano? ¿Por qué otra razón dedicarían ellos preciosos minutos para relatar historias personales que datan de hace seis décadas y que fueron contadas tan mal que no impresionaron a nadie?

Porque sufren de “hiperpartidismo”, una enfermedad que los hace actuar en contra de los mejores intereses de los votantes, como defender la democracia estadounidense, y los mantiene perennemente en campaña electoral.

Torpes y carentes de relevancia, Salazar, Giménez y el representante Mario Díaz-Balart de Miami Lakes y veterano de Washington, actuaron como neófitos.

Puedo entender la versión inmadura sobre Cuba de sus homólogos de Nueva York y West Virginia, los representantes Nicole R. Malliotakis y Alex Mooney, quienes tienen madres cubanas exiliadas al comienzo de la Revolución de Fidel Castro.

Vivir lejos de Miami les da licencia para ser, como decimos en Miami, despistados.

Pero nuestros tres representantes saben lo que están haciendo. O deberían saberlo.

Sin embargo, en lugar de decirles a los estadounidenses que hay una nueva generación inquieta en Cuba que anhela la democracia y que arriesga sus vidas para exigirla, optaron por congraciarse con el partido.

Incluso cuando Cuba ha lanzado una nueva amenaza a los exiliados cubanos, incluyendo a los ciudadanos estadounidenses, de que serán procesados “in absentia” si ayudan a los disidentes de la isla, los miembros del Congreso de Miami dedicaron su tiempo a la politiquería barata.

“Vine al Congreso a pelear contra The Squad”, dijo Giménez, hablando de los congresistas más progresistas y de izquierda, como si fueran el tema de estos días.

(Nota para Carlos: Los demócratas se encargaron de eso. Joe Biden, el centrista, ganó las elecciones primarias y las generales. Los demócratas, y algunos republicanos cuerdos en estas últimas, eligieron al exvicepresidente).

INVOCANDO A FIDEL CASTRO

Pero Giménez estaba alborozado en ese podio, diciendo que los demócratas están “tratando de quitarnos nuestro derecho de portar armas” de la misma manera que Fidel Castro desarmó a la población a principios de la década de 1960.

Poco importa que lo único en juego en este momento en el Congreso son dos proyectos de ley destinados a cerrar los vacíos legales en cuanto a las verificaciones de antecedentes que los delincuentes y los posibles delincuentes utilizan para adquirir armas.

Son medidas apoyadas por la mayoría de los estadounidenses, según muestran las encuestas, y también por algunos de los republicanos que votaron por ellas en la Cámara.

Un proyecto de ley amplía las verificaciones de antecedentes de las personas que compran armas a través de Internet, en ferias de armas y a través de algunos tipos de transacciones privadas. El otro daría a las autoridades 10 días hábiles, en lugar de los tres días actuales, para confirmar las verificaciones de antecedentes federales antes de que se pueda autorizar la venta de armas.

Nada de esto tiene que ver con Castro consolidando su control sobre Cuba, pero Giménez simplemente no pudo evitar la mentira.

También exageró enormemente el número de cubanos que han muerto en alta mar huyendo de la isla, calculándolos en “decenas de miles”. Aunque no se conoce la tasa de mortalidad exacta (para mi, una sola muerte es excesiva), ninguna organización fidedigna ha llegado jamás a ese número, ni de cerca.

La realidad en Cuba es espeluznante. No hay necesidad de mentir.

Y es más que tonto hacerlo frente a los medios.

Los periodistas van a verificar los hechos.

La mejor estrategia es ser veraz y dejar de hacer campaña. Enfocarse realmente en su trabajo, que incluye investigar para no improvisar sobre el tema de Cuba y decir torpezas con respecto a los aspectos básicos de la isla.

Me hierve la sangre porque así es como los cubanoamericanos pierden credibilidad.

Los medios se dieron cuenta del espectáculo.

Cuando los discursos misericordiosamente terminaron, se lanzaron sobre McCarthy con preguntas.

No sobre Cuba sino, con razón, sobre el estado de la democracia estadounidense cuando la mayoría de los republicanos votan en contra de investigar un ataque de la derecha al Capitolio.

Y una vez más, los sin voz de Cuba perdieron la oportunidad de ser escuchados, esta vez gracias a la ineptitud de los cubanoamericanos en el Congreso.

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de mayo de 2021, 10:44 a. m..

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Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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