Béisbol

Opacó a todos con sus indescifrables pitcheos y para muchos fue el mejor de su época en Cuba. Una cruel lesión apagó su carrera

En Series Nacionales en una etapa donde los torneos eran más cortos lanzando para Mineros y Orientales, Manuel Alarcón terminó con 41 victorias y 24 derrotas (.631), con una efectividad de 1.82.
En Series Nacionales en una etapa donde los torneos eran más cortos lanzando para Mineros y Orientales, Manuel Alarcón terminó con 41 victorias y 24 derrotas (.631), con una efectividad de 1.82.

Durante las siete Series Nacionales que actuó antes de sufrir una lesión de hernia discal que lo alejó del béisbol teniendo solo 27 años, fue considerado por muchos expertos como el mejor lanzador de la isla y en nivel de maestría como uno de los cinco grandes de las Series Nacionales.

Por ello, decir su nombre en la pelota cubana es como hablar de Sandy Koufax en Grandes Ligas que no sumó mejores estadísticas por la artritis en su brazo de lanzar que afectó su longevidad.

Manuel Alarcón, conocido en el mundo beisbolero como “El Cobrero” y también como “El Dios de Cobre de Los Orientales’’, nació el 19 de febrero de 1941, en la finca el Aguacate, cerca del pueblo de Canabacoa, municipio Bartolomé Masó, en Granma.

Desde niño se inclinó por el béisbol, pero a la vez trabajaba con su padre ordeñando vacas, chapeando cañas y cortando arroz.

Se inició con la novena de El Palo del barrio donde vivía y de forma organizada con el Central Sofía en la Liga Azucarera. Después lo hizo en el Torneo Intermunicipal con Veguitas, Manzanillo y Bayamo.

En 1962 tuvo un buen rendimiento y su nombre fue incluido en la nómina de Orientales, selección que participó junto a otras tres en la primera Serie Nacional de Béisbol.

Ese año (1962) integró el equipo Cuba para los Juegos Centroamericanos de Kingston, Jamaica, donde derrotó a Venezuela y luego perdió ante República Dominicana en un torneo donde los antillanos en contra de todos los pronósticos terminaron en cuarto puesto.

En 1963, Cuba reconquistó el título de los Juegos Panamericanos en Sao Paulo, Brasil, superando a Estados Unidos.

Alarcón finalizó con dos victorias sin derrotas y efectividad de 1.50. Debido a un problema de indisciplina no participó en los Juegos Centroamericanos de San Juan, Puerto Rico en 1966, tiempo que aprovechó para perfeccionar su forma de lanzar con un difícil y elegante movimiento del cuerpo donde mostraba su número 17 al bateador cuando lo tenía en cuenta de dos strikes y buscaba el ponche.

Este regreso triunfal ayudó a que en la sexta Serie Nacional (1966-67) los Orientales dirigidos por Roberto Ledo avanzaron a la final ante los Industriales de la capital cubana que buscaba el quinto título consecutivo bajo la dirección experta de Ramón Carneado.

Un juego inolvidable y una victoria anunciada

Un día antes del juego decisivo, Alarcón le envió un mensaje a los fanáticos de Santiago de Cuba que decía: “Abran la trocha y que salga el Cocuyé’’, adelantando al cierre de la Calle Trocha para el desfile de la famosa comparsa “El Cocuyé’’ para celebrar el triunfo.

En este juego histórico ocurrido el 12 de marzo de 1967 en el Estadio Latinoamericano de La Habana con un lleno completo donde se tuvo que organizar reglas especiales de juego, el sensacional serpentinero se presentó de forma inmaculada para colgarle los nueve ceros a los Industriales recibiendo el apoyo ofensivo de Agustín Arias y Fermín Laffita, que impulsaron las tres carreras que le dieron a Orientales su primera corona en Series Nacionales.

En este mismo año de 1967 en los Panamericanos de Winnipeg, Canadá, los equipos de Cuba y Estados Unidos se midieron en una serie de tres juegos para decidir el título luego de que ambas novenas terminaran en la etapa regular con similar balance de ocho triunfos y tres derrotas.

En el primer choque de la serie extra los norteamericanos ganaron 8-3 y en el segundo los cubanos vencieron 7-5. El mánager Roberto Ledo envió a la lomita a su principal estrella para el partido decisivo celebrado el 3 de agosto.

Alarcón, que le había ganado a los norteamericanos 4-3 en la ronda eliminatoria, se presentó de manera impresionante tirando ocho entradas con un solo imparable permitido, una carrera sucia que fue el empate en la octava por un error del receptor Ricardo Lazo y 14 ponches propinados.

En el fatídico noveno inning abrió regalando un pasaporte, el siguiente bateador realizó un toque de sacrificio que avanzó al corredor a segunda, entonces el estratega cubano mandó a dar un pasaporte intencional para luego llenarse las bases en batazo por la inicial que Felipe Sarduy no pudo retener.

En esta situación, el intermedista matancero Félix Isasi escondió la bola dentro de su guante y sorprendió al corredor de segunda tocándolo fuera de la almohadilla, pero el árbitro decretó quieto.

Fue entonces que el escenario quedó listo para que Estados Unidos con la ayuda del cuadro cerrado anotara la carrera decisiva con un roletazo entre primera y segunda para cerrar el marcador 2-1.

De los 25 bateadores que Alarcón dominó en este partido, 14 de ellos fueron por los strikes.

Otra pasión fuera de la lomita

El equipo no lo respaldó ofensivamente y esto llevó a que sufriera la derrota.

En 1968, la Comisión Nacional de Béisbol decidió ampliar el calendario hasta 99 partidos. En esta temporada, el serpentinero derecho abrió el torneo con una lechada ante Industriales y la cerró el 2 de abril con 11 ponches y otro nueve cero ante el mismo equipo para finalizar con 17 victorias y 200 bateadores retirados por los strikes.

Estos 200 ponches logrados en 1968 convirtió al lanzador oriental en el primero en llegar a dicha cifra en Series Nacionales, pero meses después teniendo 27 años de edad una hernia discal lo separó del béisbol cuando marchaba líder en carreras limpias, ponches, juegos ganados, iniciados y completados.

Alejado del terreno de juego, Alarcón se dedicó a su otra pasión: el canto. Su voz se escuchó en diferentes centros nocturnos de Bayamo, en Granma.

En Series Nacionales en una etapa donde los torneos eran más cortos lanzando para Mineros y Orientales terminó con 41 victorias y 24 derrotas (.631) con una efectividad de 1.82 (#4).

Ponchó a 529 bateadores en 583.2 entradas con 12 blanqueadas.

En tres eventos internacionales ganó cuatro y perdió tres, pero terminó siempre con efectividad inferior a 2.33.

El 29 de mayo de 1998, a los 56 años, murió en La Habana el sensacional serpentinero Manuel “El Cobrero’’ Alarcón.

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