Sur de la Florida

‘Denle una oportunidad’: niña con necesidades especiales se destaca en la escuela

Raffaella “Raffy” Swail juega en el frente de su casa, en Surfside. Ella lee, escribe, y sale bien en aritmética, junto a sus coetáneos de desarrollo típico, y a menudo al mismo nivel de dificultad.
Raffaella “Raffy” Swail juega en el frente de su casa, en Surfside. Ella lee, escribe, y sale bien en aritmética, junto a sus coetáneos de desarrollo típico, y a menudo al mismo nivel de dificultad. / skaestle@miamiherald.com

Linda Rinaldi recuerda cuando enfrentó un grupo de expertos de las Escuelas Públicas de Miami-Dade: terapeutas, psicólogos, un maestro y una directora de escuela.

Ellos habían pasado el año haciendo pruebas y seguimiento a la hija de Rinaldi, Raffaella, una niña de edad preescolar con un montón de discapacidades. Ella no podía hablar. No podía mirar directamente a los ojos de nadie. Usaba pañales, y era alimentada por medio de un tubo en el estómago.

Todos los expertos estuvieron de acuerdo: ahora que “Raffy” iba a entrar en kindergarten, ella debería ser separada de los demás niños y puesta en un salón de clase aparte dedicado a los más discapacitados.

Pero Rinaldi se opuso.

Desde el principio, Raffy había vencido terribles obstáculos, batallando con problemas respiratorios que la dejaban cianótica por falta de oxígeno, y sobreviviendo operaciones que los médicos habían advertido que no tenía muchas probabilidades de sobrevivir. Ahora le tocaba pelear a Rinaldi. Ella quería que Raffy estudiara en un salón de clase regular con niños no discapacitados.

“Denle una oportunidad. Denle seis meses”, exigió Rinaldi. “A veces las madres sí sabemos lo que es mejor para nuestros hijos”.

Y tenía razón. Raffy, quien tiene ahora 9 años y está en tercer grado en el Centro K-8 Ruth K. Broad Bay Harbor, ganó recientemente un reconocimiento nacional: el premio “Yes I Can” (“Sí puedo”) del grupo de activismo Council for Exceptional Children (Consejo para Niños Excepcionales). Ella lee, escribe, y sale bien en aritmética, junto a sus coetáneos de desarrollo típico, y a menudo al mismo nivel de dificultad.

“Mi materia favorita es la aritmética”, dijo Raffy. “Tengo algunos amigos”.

El distrito escolar de Miami-Dade se negó a permitir al Miami Herald que observara a Raffy durante una jornada escolar, aun cuando sus padres apoyaron el pedido. Pero una de sus maestros, Mary Montano, describió a Raffy como una estudiante que prospera, y cuya capacidad de aprender la sorprende todo el tiempo. Raffy se brinda a leer en voz alta y responder preguntas en la pizarra, dijo Montano, y siempre está dispuesta a dar un abrazo a sus compañeros de clase.

“Esta pequeña, ella va a llegar lejos”, dijo Montano.

Rinaldi dijo que su hija es un ejemplo de cómo los estudiantes con necesidades especiales pueden tener éxito siempre que las escuelas le den oportunidades y apoyo. Pero, muchas veces, no las reciben.

Las leyes federales exigen que los niños con discapacidades sean educados en un medio lo “menos restrictivo” posible, en lugar de encerrarlos en salones de clase donde todos tienen necesidades especiales. El porcentaje de estudiantes discapacitados que están en salones de clase normales se llama a veces “índice de inclusión”, y el Condado Miami-Dade está por debajo de otros distritos grandes de la Florida.

“Esta es un área en la que podemos mejorar”, dijo Magaly Abrahante, superintendente adjunta del departamento de Educación de Estudiantes Excepcionales de Miami-Dade.

Hay 34,000 estudiantes con discapacidades en las escuelas de Miami-Dade. De ellos, el 73 por ciento estaban en salones de clase regulares el año pasado, según los archivos estatales. En el vecino condado Broward, el 81 por ciento de los estudiantes estaban en los salones de clase regulares, muy por encima del promedio estatal de 74 por ciento.

Aun así, Miami-Dade ha hecho grandes adelantos. Apenas dos años atrás, el 50 por ciento de estudiantes con discapacidades fueron integrados en un ambiente de salón de clase regular. El bajo índice de inclusión del distrito hizo que Miami-Dade recibiera una inspección del estado.

Elizabeth Cramer, directora de educación especial de la escuela de educación de la Universidad Internacional de la Florida, dijo que las decisiones de inclusión deben hacerse en base a las necesidades de los estudiantes individuales, no para cumplir con las metas de porcentaje. Algunos padres podrían preferir salones de clase aparte donde consideran que sus hijos recibirán una atención más individualizada.

Pero cuando los padres optan a favor de la inclusión, la batalla suele ser dura, dijo Lauren Bustos. Como gerente del grupo sin afán de lucro Parent to Parent (Padre a Padre), ella representa a las familias con niños discapacitados en las escuelas públicas de Miami-Dade .

“Sólo los padres que luchan son los que de verdad recibirán los servicios y el apoyo para sus hijos”, dijo. “Es triste, pero es la verdad”.

Un equipo decide en qué tipo de salón de clase se pondrá un estudiante, y qué tipo de modificaciones o asistencia adicionales recibirá. Tantos los maestros como los terapeutas, padres, abogados y activistas participan en el proceso, el cual tiene su propia jerga especializada y está enredado en montones de requisitos federales, estatales y de distrito. Es emocionalmente duro para los padres, y puede intimidar, dijo Bustos.

Abrahante, la jefa de educación de estudiantes excepcionales del distrito, asumió el mando del departamento este curso escolar. Ella dijo que Miami-Dade está esforzándose por mejorar la experiencia de los padres por medio de entrenar a su personal y de traer recursos externos para ayudar a las familias más allá de los límites de la escuela.

“Es muy importante que los padres se sientan cómodos”, dijo.

Los activistas afirman que la actitud individual de los directores de escuela y el clima de cada escuela puede hacer la diferencia en gran medida. Ese fue el caso de Raffy.

María Rodríguez, la directora de Ruth K. Broad, estaba en la reunión para determinar dónde se ubicaría a Raffy en kindergarten. Ella escuchó la insistencia de Rinaldi de que su hija fuera educada en un aula de educación general.

“Yo dije: ‘¿Sabes qué? Intentémoslo’ ”, recordó Rodríguez. “Creo que la gente tiene que estar abierta a dar una oportunidad a los niños, y no a ponerles barreras automáticamente”.

Ahora, a Raffy le gusta tanto aprender que pide a su mamá que la lleve a la escuela los domingos. En casa, a ella le gusta jugar con dados gigantes de espuma de goma y lee los números con rapidez. Ella los suma mentalmente y anuncia el resultado con orgullo.

Todo esto, en una niña que no se suponía que sobreviviera los dos o tres años de vida, y mucho menos que le fuera bien.

“Nunca creí que le escucharía decir ‘Mamá’ ”, dijo Rinaldi.

Raffy nació después de un embarazo normal llevado a término. Poco después del parto, Rinaldi esperó y esperó que le trajeran de vuelta a su bebé. Cuando no sucedió, Rinaldi caminó hasta la sala de los niños y supo que Raffy estaba teniendo problemas para respirar.

“Yo me decía durante toda la noche: ‘Ella está cianótica. Algo está mal. No está respirando’ ”, dijo Rinaldi.

Los dos meses que siguieron fueron una estadía tras otra en la sala de cuidados intensivos. La hija recién nacida de Rinaldi estaba demasiado delicada para que se pudiera tocar. Ella dejaba de respirar inesperadamente, sufrió fuertes sangramientos cerebrales y fue puesta en coma.

Las complicaciones médicas que sufrió en sus primeros meses de vida dejaron a Raffy con daños cerebrales debido a la falta de oxígeno. Ella no podía siquiera doblar sus extremidades hasta que no cumplió los tres años, ni hablar hasta que no cumplió los cinco. Un médico que evaluó a Raffy en prekindergarten escribió: “Ella va a ir a educación especial, y probablemente no es candidata a empleo competitivo, o siquiera a vivir independientemente”.

Ahora, ella puede comer alimentos sólidos y le encanta jugar baloncesto. Sus padres han puesto a Raffy en todo tipo de terapia imaginable. Pero lo que de verdad Rinaldi piensa ha hecho la diferencia de verdad es la oportunidad de que Raffy estudie en un salón de clase regular, donde sus coetáneos le sirven de modelo y las expectativas son más altas.

“La inclusión funciona”, dijo Rinaldi.

Ella admite que la educación de Raffy tendrá con el tiempo que dedicarse a enseñarle destrezas básicas de vida. Mientras tanto, Rinaldi planea hacerse activista a favor de la inclusión y de que se dedique más fondos a los niños con necesidades especiales en la escuela.

“Sacar a un niño de la educación especial puede cambiar su vida”, dijo.

Christina Veiga: 305-376-2029, @cveiga

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de junio de 2016, 6:04 p. m. with the headline "‘Denle una oportunidad’: niña con necesidades especiales se destaca en la escuela."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA