Daniel Shoer Roth

Miami, meca de la desigualdad

En Miami, muy cerca de la próspera zona de Brickell se extienden barrios donde muchos viven por debajo de la línea de pobreza.
En Miami, muy cerca de la próspera zona de Brickell se extienden barrios donde muchos viven por debajo de la línea de pobreza. The Miami Herald

Ya es oficial y la noticia nada alentadora: Miami se coronó como el centro urbano con la mayor desigualdad social en Estados Unidos. Dolorosa realidad.

La acuciante brecha de ingresos entre ricos y pobres coloca a la ciudad a la par de sociedades en vías de desarrollo, pese a que nos hallamos dentro del mapa de la primera potencia mundial. Mejorar la equidad, sin duda, es uno de los principales desafíos de esta comunidad que parca atención recibe.


La excesiva concentración del ingreso en pocas acaudaladas manos tiene su contrapartida en el otro extremo de la numerosa población indigente. Eso reflejan los últimos datos de la Oficina del Censo analizados por Bloomberg para establecer el nuevo ranking de las grandes ciudades del país con una distribución de la renta más desigual.

Entre 2014 y 2015, la brecha de ingresos entre el 5 por ciento más adinerado de los hogares miamenses y el 20 por ciento más pobre tocó techo, ampliándose en un 16.8 por ciento. Es un alarmante aumento considerando que la medida de la desigualdad en el nivel de ingresos (el coeficiente de Gini) en el plazo de los siete años anteriores (2007-2014), en conjunto creció un 17.6 por ciento. En tan solo un año se acentuó marcadamente la desigualdad distributiva.

Las familias situadas en el quintil superior amasaron el 60.6 por ciento del ingreso agregado de todos los hogares, mientras que la quinta parte de la población de menores recursos recibió un mísero 2 por ciento de la producción salarial.


De igual modo, los ingresos del primer grupo se incrementaron en más del 14 por ciento. Pero para el segundo, en una tendencia contraria, la renta sufrió una leve contracción. En términos absolutos, los ricos se volvieron más ricos y los pobres más pobres.

Kevin Greiner, experto del Centro Metropolitano de la Universidad Internacional de la Florida, ofreció a Bloomberg una explicación: “Hoy, Miami-Dade cuenta con más empleos de los que tenía en 2007. El problema es que la calidad, los salarios y el ingreso devenido de esas plazas creadas son considerablemente más bajos de lo que fueron en el pasado”.

La nueva riqueza no fue bien distribuida. Los empresarios cosecharon más beneficios en parte porque los salarios reales de sus trabajadores se paralizaron.


Según el análisis, son dos los principales factores que propulsaron la desigualdad distributiva. Por un lado, los empleos de ingresos medios han desaparecido del mercado laboral local. Paralelamente, la espiral alcista del valor de los inmuebles, que ha devenido en el exorbitante costo de los alquileres, ahoga a los residentes de bajos recursos.

El cociente entre el valor de mercado de la vivienda y los ingresos medios brutos anuales es muy preocupante. En Hialeah, por ejemplo, casi uno de cada tres inquilinos destina al menos un 50 por ciento de su ingreso neto mensual al pago del alquiler. En el resto del condado, el arrendamiento de un techo devora alrededor del 44 por ciento de la entrada monetaria.

¿Es mala la marcada desigualdad social para Miami? Una y otra vez ha quedado comprobado que la gran concentración del ingreso y la riqueza en una selecta clase frena la expansión del mercado interno y conduce a un menor crecimiento de la economía. A su vez, merma esperanzas y desalienta la instrucción y la productividad de la gente, advierte el FMI.


La enorme brecha también socava la solidaridad y corroe virtudes cívicas, provocando indiferencia entre la ciudadanía. Ricos y pobres viven cada día más distanciados –física y emocionalmente– en una Miami dividida entre enclaves pudientes y barriadas marginales; fabulosos lujos y penurias desdichadas; refinada cultura global y deserción escolar; entorno cosmopolita y violencia callejera; centros comerciales despampanantes y deteriorada infraestructura pública.

Nadie duda de que la pobreza está asociada con múltiples males económicos y sociales. Exhortemos a las instituciones públicas y a las corporaciones locales a adoptar un compromiso mayor por romper el estancamiento del progreso.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

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