Daniel Shoer Roth

El zarpazo de la marihuana a la juventud

Un grupo de personas participa el sábado 7 de mayo de 2016, en la marcha del día de la marihuana en Medellín (Colombia).
Un grupo de personas participa el sábado 7 de mayo de 2016, en la marcha del día de la marihuana en Medellín (Colombia). EFE

A los jóvenes no se suele inculcar el amor propio en el hogar. Tampoco se imparten cursos en las escuelas sobre el manejo sano de las emociones ante situaciones adversas, ni hay ejercicios en los campamentos para vigorizar la autoestima. No se promueve el altruismo noble, sino la competitividad feroz. La virtud humana no se premia con becas, pero la excelencia académica sí.


La marihuana se presenta como aliada para poder sentir y expresar todo aquello que de por sí es natural: la autenticidad, la sinceridad, el goce del amor y la amistad, la conexión espiritual, la alegría de vivir, la libertad de ser uno mismo y de reírse de cualquier nimiedad sin miedo al juicio ajeno.

Pero los efectos de su consumo son adversos, especialmente en personas aún en desarrollo que caen en una dependencia física o psicológica. La pérdida del coeficiente intelectual, déficit de atención, problemas de memoria y cuadros psiquiátricos severos disparados por el cannabis son algunas consecuencias. Además, la alteración de la coordinación motora interfiere con la conducción de vehículos, elevando el riesgo de lesiones y muertes accidentales.

Y se ha demostrado que la legalización de la marihuana, aunque sea solo para uso medicinal, irremediablemente disminuye las barreras de acceso a esta droga por parte de los adolescentes, puerta de entrada a la exploración de peligrosos estupefacientes como cocaína, metanfetamina y heroína. Con razón la prestigiosa Academia Norteamericana de Pediatría se opone a la marihuana medicinal administrada fuera del proceso normativo de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). La marihuana es una droga en la Categoría 1 más restrictiva de la DEA.


Cuando los votantes floridanos asistan a las urnas en días venideros encararán un dilema moral sin soluciones claramente buenas –y no solo en la contienda presidencial –. De un lado del péndulo de la Enmienda 2 a la Constitución estatal, se escuchará el clamor de enfermos de diabetes, cáncer, esclerosis múltiple, epilepsia y VIH. Componentes de la planta de la marihuana poseen propiedades curativas que ayudan a aliviar el dolor y otros síntomas. La lista de beneficios se extiende.

Además de Florida, Arkansas, Montana y Dakota del Norte tienen en la papeleta propuestas sobre la marihuana medicinal, cuyo uso es permitido en 25 estados. Paralelamente, en cinco territorios el electorado decidirá si legalizarla para uso recreacional, siguiendo el ejemplo de cuatro estados más el Distrito de Columbia. Justo esta semana, la encuestadora Gallup reveló que un 60 por ciento de los estadounidenses apoyan la legalización de la marihuana.

La política prohibicionista ha acarreado miles de millones de dólares en gasto público y el encarcelamiento de decenas de miles de consumidores que no cometieron crímenes violentos. La gente se cansó de una guerra sin fin.


Del otro lado del péndulo, empero, cuelga el futuro de la juventud floridana, una generación hipnotizada en las pantallas de sus móviles, saturada de violencia en la televisión, los videojuegos y el cine, cuyo apego a la escala de valores es superfluo. Según el Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas, un 34.9 por ciento de los alumnos de duodécimo grado en el país confesaron fumar marihuana. Un 6 por ciento lo hace diariamente. Entre los pequeños de octavo grado, un 11.8 por ciento.

Precisamente son campañas como esta de la Enmienda 2 las que tienen en sí el efecto de persuadir a los adolescentes a creer que la adictiva sustancia es inofensiva. La propuesta permitiría tomar la marihuana en forma de productos comestibles, ya que es el método idóneo de ingestión para ciertos pacientes. Eso ha causado temor entre padres de que derivados pudieran terminar en forma de caramelos u otras golosinas. Algunos creen que es el abreboca a una futura total legalización.


La adicción a las drogas debe atenderse con mecanismos de prevención y no criminalizar a los consumidores. Pero también hay que proteger a los jóvenes de manera constructiva, motivándolos a conocerse a sí mismos en el fuero de la conciencia y a apostar por su mejor futuro ejerciendo el libre albedrío.

Escritor, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

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