Daniel Shoer Roth

La FPL en el ojo de la tormenta

Trabajadores de fuera del estado trabajan en la reparación de líneas de electricidad derribadas por los árboles en Coral Gables el sábado 16 de septiembre del 2017.
Trabajadores de fuera del estado trabajan en la reparación de líneas de electricidad derribadas por los árboles en Coral Gables el sábado 16 de septiembre del 2017. adiaz@miamiherald.com

Primero, agradecimiento. Inmersos en el bálsamo de la empatía y la compasión, vemos la tragedia ajena y nos colocamos en los zapatos de las personas damnificadas por una catástrofe natural, a sabiendas que pudimos padecer el mismo calvario.

Sucedió en Puerto Rico, donde el huracán María derribó por completo la red eléctrica dejando hasta la fecha a la inmensa mayoría de la población sin electricidad, una fuente de energía omnipresente en nuestras vidas. Dependemos de ella prácticamente para todo y no la valoramos hasta después de perderla.


En Florida, el azote de Irma pudo ser más devastador y aun así, dejó al estado en velas y linternas. A unos hogares y comercios les fue restablecido el suministro eléctrico más pronto que a otros, pero los lamentos de los abonados igual sobreabundaron –y de justificación no carecieron.

Uno de los casos más sonados: la Ciudad de Coral Gables, un opulento municipio que goza del poder de la cartera para hacer valer los derechos de sus vecinos, a diferencia de la mayoría de los floridanos, consumidores desamparados ante las veleidades de una economía regida por monopolios en los diversos sectores de producción.

La comisión municipal acordó esta semana entablar una demanda civil contra Florida Power & Light (FPL) con el objetivo de forzarla a modernizar su infraestructura, el tendido eléctrico y los transformadores. La Ciudad Bella perdió su lustre tras Irma, quedando demostrado que enclaves ricos y barrios marginales son igual de vulnerables cuando manda la naturaleza y una misma empresa acapara el mercado. La municipalidad también multó al gigante eléctrico por incumplir la fecha prometida para reanudar el servicio de todos los vecinos.


Coral Gables descuella por su exuberante vegetación y fue en parte esa frondosidad la causante de los apagones; al caer los árboles por los vientos huracanados rompieron los postes. En una danza de dimes y diretes, la ciudad alega que FLP no veló por el mantenimiento del sistema eléctrico, mientras que la empresa resalta la resistencia del gobierno municipal a la poda de árboles precisada para dicho mantenimiento. Según declararon representantes de la FPL, los comisionados municipales son políticos portadores de un sentido de privilegio autoadquirido y sus reclamos, ridículos.

Ciertamente, como reza el refrán, “cada quien juzga por su condición”. El coloso de la energía también ostenta un sentido de privilegio –no autoadquirido, sino concedido por los políticos de Florida–, y aspira a cobrar a los clientes un estimado de $1,300 millones por los gastos incurridos en las recientes tareas de reparación y reanudación del servicio.


De ser aprobada por las autoridades normativas, la iniciativa representará un recargo de $4 en la facturación mensual a partir de marzo de 2018, y de $5.50 durante los dos años subsiguientes. Los abonados pagan hoy día dos recargos mensuales por concepto de tormenta: $3.36 correspondientes a Matthew (cuota que expira antes de imponerse la propuesta), y $1.32 por las temporadas ciclónicas 2004 y 2005.

Un vocero de la empresa explicó que, así como en otros estados, en Florida los costos inmediatos durante la fase inicial de las catástrofes naturales no están cubiertos por la tasa básica pagada por los usuarios.

Si bien la FPL tiene todos sus derechos para proceder con el recargo, amerita preguntarse por qué los abonados tenemos que sufragar, no solo sus gastos de reparación después de un huracán, sino también de inversión, ya que terminamos financiando sus esfuerzos bien intencionados por modernizar el sistema de energía y optimizar la fiabilidad de la red eléctrica.


No hay que vivir en Coral Gables para saber la respuesta: falta de competencia en el mercado energético y una nula observancia en el Estado del Sol de las medidas de protección a los consumidores, quienes tienen poca información sobre los servicios y sus derechos, a menos que sí vivan en Coral Gables.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista de Miami. Siga al autor en redes sociales: @DanielShoerRoth

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