Daniel Shoer Roth

La ciudad que se hunde

Maqueta de una vista aérea del complejo American Dream Miami, un enorme mall de tiendas y entretenimiento que se planea construir en el noroeste de Miami-Dade. El proyecto se describe como el mall más grande en todo Estados Unidos.
Maqueta de una vista aérea del complejo American Dream Miami, un enorme mall de tiendas y entretenimiento que se planea construir en el noroeste de Miami-Dade. El proyecto se describe como el mall más grande en todo Estados Unidos. Imagen de cortesía

Más que una proyección científica, el que Miami Beach a fines de esta centuria termine hundido en el Atlántico por el calentamiento global parece una metáfora de nuestro tiempo.

Pero la subida del nivel del mar, la acidificación de los océanos y las inundaciones en la ciudad balneario no son detonantes del cataclismo actual. Lo son el indomable desarrollo urbano de alta densidad y una perpetua procesión de acontecimientos como el fin de semana infernal de Memorial Day, los que hacen que los residentes nos sintamos con el agua al cuello.


Los puentes a tierra firme parecen la I-95 en horas pico por el embotellamiento, igual que las principales avenidas dentro del municipio. Conseguir un lugar para aparcar es hallar la aguja en el pajar. La arcaica infraestructura pública está malograda. El deterioro de los sistemas de agua y desagüe es alarmante. Esta es la secuela del intolerable hacinamiento en que vivimos por la explosión demográfica y la falta de espacios habitables, pues estamos confinados a los límites naturales de una pequeña isla.

¿Qué hace la clase gobernante al respecto? Promoviendo la construcción de un hotel de 800 habitaciones conectado al Centro de Convenciones. El 15 de marzo, los votantes decidirán si la ciudad debe arrendar reservas de tierras públicas a la empresa que construiría el complejo hotelero con fondos privados.

La industria del turismo y convenciones es de vital importancia para la economía de Miami Beach y merece agradecimiento por la generación de empleos y el impacto en los negocios, entre estos los restaurantes donde, por cierto, los vecinos de clase media ya no podemos comer debido a los costos. Sin embargo, debe existir un equilibrio porque los residentes –que pagamos una descomunal suma en impuestos inmobiliarios y servicios públicos– sufrimos en carne propia la desvalorización de la calidad de vida a raíz del favoritismo que las autoridades dan al comercio.


El problema no atañe a la Playa únicamente. A menudo en el Sur de Florida advertimos cómo el crecimiento económico sostenido pone en jaque el bienestar físico y social de las comunidades. El desarrollo es valioso, sí, mas pudiera estar mejor normado e ir aparejado con la infraestructura y los servicios para que la ciudadanía no pague las consecuencias en términos de estrés, enfermedades cardiacas y mentales, pobreza y contaminación ambiental.

¿Cuánto es suficiente? ¿No hemos cruzado el punto umbral? En el noroeste del Condado Miami-Dade, donde el tránsito es infernal, se erigirá el más colosal complejo comercial y de entretenimiento en Estados Unidos, American Dream Miami. Ocupará 200 acres con megatiendas, parque temático, pista de patinaje sobre hielo y otras atracciones. Los modelos computarizados de tráfico no explican cómo las autopistas absorberán más de 100,000 viajes vehiculares adicionales diarios entre compradores, empleados, abastecedores y otros visitantes, según cálculos del Departamento de Transporte de Florida.


Los partidarios del hotel en Miami Beach argumentan que este no incidirá en la circulación porque los pudientes huéspedes se concentrarán en las actividades de sus congresos y poco saldrán de las cuatro paredes; si lo hacen, usarán taxis o servicios de transporte compartido. La ciudad actualmente invierte $600 millones en la renovación del Centro de Convenciones; carecer de un hotel sede para las conferencias sería como despilfarrar dichos fondos, sostienen.

En el último año, los hoteles de la ciudad balneario ya han agregado 1,500 nuevas habitaciones a su inventario. Al otro lado del puente, sobre el terreno de la antigua Miami Arena, se levantará un centro de convenciones con un hotel de 1,800 recámaras –una pesadilla para los residentes y trabajadores del downtown. A nivel nacional, el mercado de centros de convenciones está sobresaturado, mientras que la asistencia a estas reuniones paulatinamente ha decaído.

La Playa, patrimonio emblemático de nuestra historia común, es mártir de su propio éxito. La explotación mercantil de su celebridad y la sobrepoblación destruyen el paraíso que otrora fue. De tal manera que cuando llegue el “Armagedón” climático, no tendrá mucho trabajo.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista de Miami.

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